
Biografía de D. Salvador Valera Parra.
Conocido como el “Cura Valera”
D. Salvador Valera Parra (Huércal-Overa, Almería, 27 de febrero de 1816 – 15 de marzo de 1889), conocido popularmente como el Cura Valera, fue un sacerdote diocesano cuyo ministerio se distinguió por la caridad sin reservas, la humildad y una entrega absoluta a los más necesitados. Su memoria pervive como modelo de pastor cercano, prudente y generoso.
Infancia y vocación
Nació en una familia de modestos labradores. Desde muy niño manifestó una clara vocación sacerdotal. Sus padres, a costa de grandes sacrificios, le encaminaron a la formación eclesiástica, que el joven Salvador afrontó con austeridad, estudio y disciplina.
Ordenación y primeros servicios pastorales
Tras años de privaciones y esfuerzo, fue ordenado sacerdote y destinado a Huércal-Overa como capellán, ganándose pronto el afecto de sus feligreses por su trato cercano y su celo pastoral.
Alhama de Murcia (1849–1851)
En 1849 fue nombrado ecónomo del Curato de Alhama de Murcia. Su ministerio allí dejó una huella honda de afecto y consideración, hasta el punto de que, cuando en 1851 debía regresar a Huércal-Overa, el vecindario salió en masa a despedirle suplicándole que no les abandonase.
Huércal-Overa (1851–1864): cura propio
De vuelta a su pueblo como cura propio, intensificó su vida de abnegación y servicio. Su casa estuvo siempre abierta al necesitado; el confesionario, concurrido; y su predicación, sencilla y encendida, movía a la reconciliación, a la paz y a la esperanza cristiana.
Cartagena (1864–1868): entrega en la adversidad
En 1864 fue nombrado para el Curato de Cartagena, donde destacó por su papel en las medidas para frenar la epidemia de cólera y por su intervención pacificadora en las sediciones del penal. En gratitud a su labor, el Ayuntamiento le obsequió con un cáliz que hoy se custodia en la parroquia de Huércal-Overa.
Regreso definitivo a Huércal-Overa (1868–1889)
Tras el desembarco del general Prim en 1868, se le ofrecieron honores que rehusó para regresar definitivamente a Huércal-Overa, junto a su anciana madre y su pueblo. Allí transcurrieron sus últimos años, marcados por una pobreza elegida, la caridad sin límites y una vida de oración que muchos describieron como ejemplar.
Los vecinos recuerdan su heroísmo en momentos críticos: la serie de terremotos de 1863 y la gran epidemia de cólera de 1885, cuando no abandonó a su gente y redobló cuidados materiales y espirituales. Su devoción a la Virgen del Río fue señera en su vida interior.
Retrato espiritual
Se le atribuía un profundo don para consolar y orientar conciencias. Predicador de palabra sencilla y ardiente, fue sobre todo testigo: prefería el ejemplo a la retórica, la visita al enfermo a cualquier otro encargo, y el compartir su mesa y vestido con quien carecía de lo básico. En la memoria popular permanecen episodios en los que su intervención prudente y caritativa ayudó a evitar desgracias o a mitigar su impacto.
Fallecimiento y sepultura
El 15 de marzo de 1889 falleció en Huércal-Overa “en olor de santidad”. Fue enterrado bajo el presbiterio de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, donde sus restos siguen siendo venerados con devoción.
Fama de santidad y proceso de beatificación
Su fama de santidad arraigó ya en vida y se fortaleció tras su muerte. A lo largo del siglo XX se reunieron numerosos testimonios sobre sus virtudes y su caridad pastoral. En 1954, desde la diócesis de Cartagena, se dieron primeros pasos formales para estudiar su causa. En 1989 la diócesis de Almería reactivó definitivamente el camino hacia su Beatificación, que ha continuado con perseverancia hasta nuestros días.
Actualidad: el milagro que abre la Beatificación
El 20 de junio de 2025, el Papa León XIV aprobó oficialmente un milagro atribuido a la intercesión del Cura Valera, tras el estudio del Dicasterio para las Causas de los Santos. Este reconocimiento abre la puerta a su Beatificación, prevista para 2026, coincidiendo con el 210º aniversario de su nacimiento.
El milagro ocurrió en Rhode Island (EE. UU.) en 2007: un recién nacido, al borde de la muerte, se recuperó por completo y sin secuelas tras la oración dirigida al Cura Valera por un médico natural de Huércal-Overa. El hecho fue examinado y confirmado por médicos, teólogos y cardenales, y ha sido reconocido por la Santa Sede.
El Cura Valera, pastor humilde y cercano, sigue siendo hoy referencia viva de una caridad que transforma, consuela y levanta la esperanza.
CONOCE TODO EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN

Legado local y memoria viva
En Huércal‑Overa se conserva su casa natal, hoy en la calle que lleva su nombre. Lleva su nombre la plaza central y el Instituto de Educación Secundaria Cura Valera, fundado en abril de 1951. Una asociación promueve su canonización y organiza actos de conmemoración, incluyendo novenas, documentales y publicaciones biográficas.
Un pastor que sigue inspirando
Salvador Valera Parra, el “Cura Valera”, no fue un hombre de grandes obras literarias o fundaciones religiosas. Su luz fue la entrega cotidiana, la escucha compasiva, la oración profunda, el servicio a los enfermos, los pobres y los presos. Por eso aún hoy lo recuerdan como “el Cura de Ars español”. Su figura resuena en Huércal‑Overa y más allá como un ejemplo vivo de fe, humildad y caridad.