En el siglo XIX, las epidemias de cólera asolaban con frecuencia el sureste español. Una de las más recordadas fue la que afectó a la comarca de Huércal-Overa en la década de 1850. En ese tiempo, el sacerdote Salvador Valera Parra (1816-1889) ya se había ganado el respeto de todos por su entrega a los pobres y enfermos.
Cuando el cólera se extendió por Overa, la población cayó en la angustia. Sin médicos suficientes y con remedios casi ineficaces, muchos creyeron que no habría salida. Fue entonces cuando el Cura Valera tomó una decisión que marcaría para siempre la memoria del pueblo: sacó en procesión a la Virgen de la Soledad, recorriendo con ella los caminos del lugar y rezando por la intercesión de la Madre de Dios para que cesara la epidemia.
Los testimonios recogidos por sus biógrafos narran que, tras aquella procesión, los casos comenzaron a remitir. La tradición oral conserva incluso la frase que Valera pronunció con profunda fe y alivio:
“El cólera va río abajo.”
La expresión simbolizaba que el mal se alejaba del pueblo, llevado por las aguas, y que la Virgen había escuchado las súplicas de sus hijos.
Este recuerdo ha quedado unido a la figura del Cura Valera como signo de esperanza y fe en tiempos de desesperanza. No es casual que el azulejo incluya también las palabras del Evangelio de San Marcos (5, 21-43):
“Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz, quedas curada de tu enfermedad.”
Así, se enlaza la vida del sacerdote con el mensaje de Cristo: la fe que sana, la confianza que da vida.
