Entrevista a Mons. Ginés García Beltrán sobre el Cura Valera

Mons. Ginés García Beltrán, obispo de Getafe e hijo de Huércal-Overa, comparte su testimonio personal y espiritual ante la beatificación del Venerable Salvador Valera Parra.

Pregunta 1: Don Ginés, como hijo de Huércal-Overa, ¿qué ha significado para usted, a nivel personal y espiritual, conocer que el Cura Valera será beatificado en su propio pueblo?

Respuesta: Es una alegría grande. Es ver realizado el anhelo de generaciones de huercalenses. Nuestros abuelos y nuestros padres siempre quisieron ver este día que hoy se nos concede ver a nosotros. Los hijos de Huércal-Overa, desde sus contemporáneos, supieron que estamos ante un santo, y que tarde o temprano este momento había de llegar. El Cura Valera forma parte de nuestra realidad más profunda. Huércal-Overa sabe al Cura Valera, buena parte de sus calles e instituciones llevan su nombre, como el Instituto en el que estudiamos. También recuerdo a tantas personas que pusieron su granito de arena, muchas veces con cierta ingenuidad, para que el Cura Valera fuera beatificado. Espiritualmente es un momento de gracia que me gustaría vivir con profundidad e intensidad. Mi pueblo hoy ofrece un santo para la Iglesia toda y para el mundo. Es un ejemplo e un intercesor. Una referencia en mi sacerdocio y en mi vida.

Pregunta 2: Usted es uno de los tres obispos que han firmado esta Carta pastoral. En pocas palabras, ¿cuál diría que es el mensaje principal que quiere transmitir este documento a la comunidad cristiana?

Respuesta: Ha sido un honor para mí unirme a los obispos de Almería y Cartagena para ofrecer al Pueblo de Dios este escrito pastoral. La carta quiere dar a conocer la figura de Salvador Valera Parra, el Cura Valera, haciendo una lectura de su vida hacia lo profundo, reconociendo en su biografía la mano de Dios en una época concreta de la historia, no más fácil que la actual. Hemos querido ofrecer su perfil sacerdotal y su testimonio de santidad que trasciende el tiempo y tiene que decir mucho a los hombres y las mujeres de hoy. Hemos querido insistir en su cercanía y amor a los pobres y a los alejados. Un testimonio que es fundamental a la Iglesia, y que tenemos que recibir hoy. En la carta hay un mensaje para todos, pero especialmente para los sacerdotes. Los santos siempre son jóvenes y actuales. El Cura Valera es contemporáneo del Santo Cura de Ars, y sus características son muy similares: un cura de pueblo, que nada escribió. Sencillamente, se entregó a su ministerio sacerdotal y fue un hombre de Dios para su pueblo. Podemos decir que el Cura Valera es un Cura de Ars a la española.

Pregunta 3: Se ha anunciado que participará en la procesión llevando las reliquias del Cura Valera junto a otros sacerdotes nacidos en Huércal-Overa. ¿Cómo vive interiormente ese gesto tan simbólico y qué cree que expresa para la Iglesia y para el pueblo?

Respuesta: Estaré en la beatificación y me acompañará todo mi seminario de Getafe, porque he querido que tengan en el Cura Valera una referencia de vida para su futuro ministerio. Será un honor y una ilusión. Entre mis manos llevaré a todo mi pueblo, a mis padres, mis abuelos, mi familia, a los que soñaron con este día, y esperamos que estén en el balcón del Cielo, llevaré a los que están lejos en la distancia y en la fe. La verdad que es difícil imaginar el sentimiento de ese momento. Para todos será el signo de que el sacerdocio del Cura Valera sigue en el nuestro, ojalá que también en santidad, y una llamada para que más jóvenes de nuestro pueblo quieran seguir al Señor en el sacerdocio.

Pregunta 4: En su familia y en su infancia en Huércal-Overa, ¿se hablaba del Cura Valera? ¿Recuerda alguna anécdota, recuerdo de su madre o de algún familiar que le haya marcado especialmente sobre esta figura tan querida?

Respuesta: Todo y todos hablaban del Cura Valera. Lo hemos tenido presente, le hemos rezado, nos hemos encomendado, lo hemos llevado en la estampa que poníamos en el bolsillo, en la cartera, en la mesa de noche. Desde que me reconozco, en la subida de la escalera de mi casa, había, y hay, una pintura del Cura Valera que tiene una historia muy bonita. Su imagen siempre nos ha acompañado, y recuerdo siempre a mi madre cuando subíamos o bajábamos, tocar el cuadro y decir: “Cura Valera líbranos de todo lo malo”. Hay otra anécdota: era estudiante en Roma e hicieron cardenal a D. Ángel Suquía. Al decirle que yo era de Huércal-Overa, repitió la inscripción de la lápida del presbiterio y se calló para que yo dijera el nombre; yo dije: el Cura Valera. El cardenal me dijo: “Si fueras de Huércal-Overa, habrías dicho: el Santo Cura Valera”. Pues tenía razón el cardenal.

Pregunta 5: Como obispo que sirve hoy en Getafe, ¿qué cree que puede decir el testimonio del Cura Valera a los cristianos del siglo XXI, más allá de Almería y Cartagena?

Respuesta: El testimonio de santidad es siempre universal. El Cura Valera nos habla de la primacía de Dios. Dios es lo primero, y en Él se ordena nuestra vida y nos lleva a los demás. D. Salvador vivía para Dios y para los demás, es un testimonio de entrega, de cercanía al pueblo, con palabras del papa Francisco, “olía a oveja”. Sacerdote que ofrece a Dios el sacrificio en la misa, que confiesa incansablemente los pecados, que reza por su pueblo, que sirve entrañablemente a los pobres. No hacía ruido, pero llegaba al corazón. Era hombre más de gestos que de palabras, era un sacerdote de presencia y no de relumbrón. Es el testimonio de una vida sencilla que tanto necesitamos hoy.

Pregunta 6: A pocos días del 7 de febrero, fecha de la beatificación, ¿qué llamada concreta haría a sacerdotes, familias y jóvenes para vivir este acontecimiento?

Respuesta: En primer lugar, a los sacerdotes: que se miren en este ejemplo. Proponer modelos de santidad sacerdotal, sacerdote en medio del pueblo, sin más pretensión que dar la vida en silencio y con humildad. Sacerdotes, hombres de Dios y padres de los pobres. A los jóvenes le diría que miren en el Cura Valera el ideal al que quieren entregar su vida, allí donde Dios los quiera. Merece la pena invocar al Cura Valera y tenerlo cerca de nuestra vida y nuestras esperanzas. A las familias, que vivan y eduquen según este modelo e ideal de vida. Que vivan la santidad matrimonial y que trabajen para que sus hijos sean santos.

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