La semilla que cae en tierra buena

Parroquia de Huércal-Overa

Evangelio del día

San Mateo 13, 1-9

“Salió el sembrador a sembrar. Y al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y la comieron. Otra cayó en terreno pedregoso… Otra cayó entre zarzas… Y otra cayó en tierra buena y dio fruto: una ciento, otra sesenta, otra treinta”.


Saludo inicial

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Hoy nos reunimos como comunidad de fe para escuchar la Palabra del Señor, que siempre es semilla de vida en nuestros corazones.


Reflexión

Jesús nos habla en este Evangelio de algo tan cotidiano en nuestra tierra como es sembrar. Todos sabemos lo que significa preparar el campo, cuidarlo y esperar con paciencia a que dé fruto.

La semilla es la Palabra de Dios, que se nos entrega con generosidad. Pero el terreno… somos nosotros.

  • A veces somos camino, y dejamos que la Palabra se pierda porque no la acogemos.
  • A veces somos tierra pedregosa, y nos falta raíz, constancia y compromiso.
  • Otras veces somos zarzas, y dejamos que las preocupaciones, la prisa o el egoísmo ahoguen la voz de Dios.
  • Pero también podemos ser tierra buena, corazón abierto y sencillo, que deja germinar la semilla y produce fruto abundante.

El Señor no nos pide perfección, sino disponibilidad. Que nuestra vida sea tierra donde pueda crecer el amor, la fe y la esperanza.


Vivencia cotidiana

Aquí, en Huércal-Overa, rodeados de campos y agricultores, sabemos bien lo que cuesta preparar la tierra: ararla, quitar piedras, regarla…

De igual modo, nuestra vida cristiana necesita cuidado:

  • La oración es el agua que refresca la semilla.
  • Los sacramentos son el abono que fortalece nuestra fe.
  • La caridad y el servicio son el fruto que compartimos con los demás.

Preguntémonos: ¿qué clase de tierra soy yo? ¿Qué frutos está dando mi vida en mi familia, en mi trabajo, en mi comunidad?


Conclusión

Dios sigue sembrando con paciencia infinita. Acojamos su Palabra, no con miedo, sino con confianza. Dejemos que transforme nuestro corazón para que, en nuestra parroquia y en nuestro pueblo, se vea que la fe da frutos de amor, paz y alegría.


Oración final

Señor, haz de nosotros tierra buena.
Quita de nuestro corazón las piedras del egoísmo,
las zarzas de la indiferencia,
y danos la lluvia de tu Espíritu.

Que nuestra vida sea testimonio de tu amor en Huércal-Overa y más allá.
Amén.

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