La Sra. María del Carmen Gómez Martínez recuerda que desde que tuvo uso de razón, oyó hablar del “Cura Valera”, creció conociendo de su familia y de los mayores los milagros y favores, su labor incansable y su vivir bondadoso, humilde y servicial, su conocimiento y discernimiento para saber estar en el sitio y a la hora adecuada, allí donde una tragedia se estaba gestando o era requerida su presencia sobre todo de los más desfavorecidos. Anota: “era imposible con ese ejemplo y con esas raíces de fe en el ‘santo’ no contagiarse de generación en generación y lo harán las venideras, porque su recuerdo es actual. El busto en la glorieta de la Iglesia nos lo recuerda diariamente, anualmente acudimos en su aniversario a mostrarle nuestro cariño con una eucaristía, flores y oraciones. Sigue vivo en nuestros corazones y todos sabemos que sigue haciendo favores a quienes con fe se imploran en él. La firmante señala: “tuve la experiencia de sentir su calor cuando a raíz del ingreso en Granada de mi hija que nació con discapacidad y tuve que permanecer por largos meses en el hospital, cuando me encerraba sola por las noches en la habitación de pensiones desconocidas, ponía su estampa encima de la cama y le pedía que me acompañara en esas largas noches e intercediera a Dios por nosotras. Doy gracias a Dios por habernos regalado a D. Salvador Valera Parra y termino con unas frases del himno compuesto para él, que por cierto arranca algunas lágrimas cuando se canta y que dice así: ‘De rodillas a Dios pedimos que te eleve a los altares, que te eleve a los altares’”. Documento extraprocesal
